Escribir sobre musica
Escribir sobre música en un blog no siempre es una ocupación placentera. Más si uno permite comentarios. Cada tanto aparece gente que disiente con lo que decimos, pero lo plantea de manera clara y nunca agraviante. Marcan los puntos en los cuales no están de acuerdo con nosotros, se esfuerzan en fundamentar su posición, pero siempre se abstienen de insultar al otro.
Pero por otro lado, siempre aparecen los comentarios problemáticos. Los más comunes son los que sienten que porque no estamos de acuerdo con ellos, es necesario que nos insulten. Hay algunas variantes. Algunos creen que sólo son inteligentes los que piensan como ellos y tienen sus mismos gustos. Tal creencia demuestra, claro, que no se trata de una persona muy inteligente. Está también el ortodoxo creyente en la santidad de ciertas bandas, a las que le hace el “aguante”, la “sigue a todos lados” y demás patrones de pensamiento extraÃÂdos del mundo del fútbol. Para ese tipo de gente, toda crÃÂtica a su banda es un ataque contra sus creencias, que no deben ser nunca cuestionadas. Se parece bastante a un fanático religioso, en todo caso.
También están los que plantean que “la crÃÂtica no sirve para nada”. Este punto es interesante. Básicamente, este tipo de fans de la música reproduce el sentido común que más le conviene a los músicos: la música se siente y no se piensa. Esta forma de plantear la cuestión no tendrÃÂa nada de malo si no se terminara ligando con un recorte de las posibilidades de expresión. En este caso, la mecánica opera asÃÂ: los músicos aceptan hacer pública su música para ganar dinero con ella -ser pasados en la radio, tocar en recitales- pero se enojan cuando alguien no habla bien de sus canciones. Y muchos usuarios de música terminan muchas veces haciendo de serviles sostenedores de esa idea: la música es pública para lo que les conviene a los músicos -hacer plata- pero no para las crÃÂticas.
Quien acepta publicitar su obra por los beneficios potenciales a recibir, debe saber que también la expone a la disección crÃtica. El problema es que siempre existen gentes más papistas que el Papa, y que salen a defender un punto de vista que les conviene a otros. En el fondo, siempre pueden ser serviles a cualquier idea, pero no vengan a reclamar acá sobre el hecho de que no acatemos la obediencia debida. Como planteaba en el primer párrafo, que no están de acuerdo con nuestras ideas puede ser muy estimulante, en tanto nos plantea nuevos desafÃÂos. Pero los llamamientos al silencio o a la ortodoxia no son parte de un intercambio de ideas fructÃÂfero.
La música es una experiencia personal. Este punto ha sido remarcado muchas veces, y hace que las canciones sean parte de nuestra vida. ¿Acaso está mal, entonces, que a veces hablemos de nuestra vida?