Algunos años atrás, Jerome Rifkin daba cuenta, en su libro El Fin del Trabajo, de una hipótesis muy arriesgada: que la velocidad de la innovación tecnológica estaba destruyendo puestos de trabajo de manera incesante, y que no eran repuestos por los nuevos nichos de mercado que surgían gracias a esas innovaciones. Aparecía como un poco exagerado, pero hoy vale la pena repensar la hipótesis de Rifkin en relación con un segmento profesional cada vez más comprometido: el periodismo.

La publicación de contenidos en Internet, como muchos ya saben, está canibalizando los ingresos por publicidad de las empresas periodísticas. Las ediciones en papel pagas cada vez venden menos, pero lo que se recauda por publicidad en la Web no es suficiente para mantener a las empresas periodísticas. El resultado es que éstas mismas comienzan a ver que su estructura actual es insostenible, y quienes están pagando los platos rotos son los trabajadores. En Estados Unidos, en particular, los despidos en el sector son incesantes.

¿Es que Internet está aniquilando al periodismo? En realidad, lo que está haciendo es modificar de manera muy profunda los esquemas habituales de contratación y trabajo en el sector. En buena medida, lo que alienta es a la profundización de la tendencia a la tercerización de funciones en colaboradores externos, y a tener plantillas fijas cada vez más reducidas, por lo general concentradas en editores y en funciones puntuales. Tal tendencia tiene lados preocupantes, como un incremento en la precarización del sector, donde los trabajos fijos cada vez escasean más.

Y el autoempleo en Internet tampoco aparece como una solución. Si bien algunos periodistas han tenido la iniciativa de tener sitios propios, la publicidad que pueden obtener para ellos tampoco basta para pagar los gastos diarios. Claro, a pesar de esta crisis de las empresas periodísticas, en la Red cada vez hay más contenidos, creados por personas que no parecen esperar una paga por ellos, y que a veces incluso cumplen con muy aceptables estándares de calidad.

Entre la crisis de los ingresos de las empresas periodísticas, la precarización de la profesión periodística, y la hiperabundancia de contenidos gratuitos en la Red se están creando una combinación que promete traer muchos cambios en el corto plazo. Cambios que, para muchos de los que están hoy viviendo del mercado periodístico, aparecen como amenazadores e inciertos. ¿Será que la innovación tecnológica destruirá muchos más puestos de trabajo en el mercado de medios de los que puede crear en los nuevos segmentos en Internet? La hipótesis de Rifkin se hace, entonces, muy factible.