Hace unas pocas semanas se supo que la central de inteligencia de Estados Unidos, la CIA, habÃa destruido una serie de videos donde se registraban escenas de torturas contra detenidos por presuntos delitos relacionados con el terrorismo. Lo interesante: leo en un suelto en The Nation (volume 382, number 31, página 5, en este momento en las librerÃas) un interesante conteo sobre los usos de la palabra TORTURA y otras que se asumen como “sinónimos”. Por ejemplo, desde el 6 de diciembre, y en las noticias que tienen relación con el escándalo de la destrucción de videos por parte de la CIA, The New York Times usó trece veces la palabra tortura, mientras que “interrogatorio” apareció 48 veces. Por el lado de The Washington Post, “tortura” se imprimió 16 veces, e “interrogatorios” 40 veces. Otros eufemismos usados son “métodos” y “tácticas”, aunque en muchos casos aparecen junto a adjetivos como “agresivos” o “severos”.
No se trata simplemente de pensar en sinónimos; para los periodistas, es fundamental no asumir como propias las palabras interesadas de las fuentes. Si terminamos llamando “interrogatorios” a lo que hay que llamar simplemente “tortura”, entonces estamos legitimando estos delitos como si se trataran de formas razonables de tratar a los prisioneros en una democracia.
Y no, las palabras no tienen nada inocentes, claro.
Ignoro que tan útil puedes ser el tema, pero desde hoy, y si son usuarios de Google Reader y Google Talk o Gmail, pueden compartir con sus contactos artÃculos que han leÃdo en sus feeds. Y a su vez, ellos pueden compartirlos con ustedes. AsÃ, cuando ingresamos a Google Reader, veremos en la barra de la izquierda un item llamado “Friend’s Shared Items”, en donde aparecerán las entradas que sus contactos les quieran mostrar. Una funcionalidad social que le sirve a Google para comenzar a sacar un poco más el provecho a la base instalada de Google Reader.
Por cierto, por ahora esta funcionalidad está disponible únicamente para los que tengan el Google Reader configurado en inglés -por lo general, es la mejor manera de comenzar a usar las novedades antes, ya que las traducciones pueden tardar un tiempo en aparecer.
A fines de 2005, fui al Personal Fest con entradas regaladas. Me interesaba porque el viernes tocaban Lucybell y Simpleminds. La organización del evento fue un desastre; abrieron tres horas más tarde y todo se retrasó varias horas. El sonido era malo y los escenarios estaban muy cerca, y las canciones de diferentes bandas se mezclaban. El de 2004 fue bastante mejor en organización, pero aquel de 2005 me convenció de no aparecer más por allÃ.
Y parece que mucho no aprendieron, porque ahora, con la edición 2007 de este festival en Buenos Aires, hay muchos blogs publicando cosas sobre la pésima organización del show del viernes, con demoras y problemas de sonido. Hasta hubo un herido de arma blanca y una estampida de personas que huÃan, y en la que parece que no hubo muertos de milagro. En los medios masivos del tema ni se habla; al fin y al cabo, el Personal Fest habÃa puesto mucha plata en publicidad, cosa que hace todos los años. No parece que ninguno tenga ganas de perderse esa pauta.
Pero al menos tenemos varios blogs y sitios contando del tema. Hay un buen resumen en Pan y Circo, del periodista de Página/12 Eduardo Fabregat. También una crónica del hecho en A Naufragar. Y muchos comentarios de lectores en la entrada que 20 palabras le dedicó al tema.
En el último año se han multiplicado los sitios que se dedican a duplicar a otros, a partir de republicar los feeds RSS. El tema es un tanto molesto, sobre todo porque muchos de estos “scrappers”, como se los llama en la Red, roban el contenido a mansalva y se dedican a colocar su propia publicidad en la página. Posibles soluciones hay muchas. Una de ellas es FeedEntryHeader, un plugin para WordPress que modifica el feed y le agrega un aviso legal entre el tÃtulo y el texto de la entrada. Se puede modificar el texto para dar cuenta de la licencia legal de nuestro blog -con copyright o Creative Commons.
Es notable ver como en nuestras casas, en el transcurso de varios años, terminamos con una gran cantidad de tecnologÃa completamente obsoleta, y que por largo tiempo nos negamos a tirar a la basura. Ayer se me ocurrió hacer una limpieza de un arcón de madera donde van a parar cables y electrónicos, y no pude dejar de sorprenderme la cantidad de cosas inútiles que allà estaban guardadas. Cables de 27 pines para impresoras -y adaptadores de 27 a 9 pines; al menos tres discman que no se usan hace años y que ni siquiera funcionan ya -ni siquiera reproducÃan mp3, aclaro; una cámara analógica que ya ni recordaba -y que ya tiene nuevo dueño
; cables de datos de varios teléfonos celulares que ni siquiera tengo ya; tres docenas de diskettes; un módem para teléfono; varias placas de audio y video de viejas PCs; agendas electrónicas en sus versiones más económicas -y que ni siquiera funcionan-; extensores de conexiones de Red y de cable para teléfonos; una especie de pendrive – cámara de Philips que sacaba fotos pésimas; y varias cosas más que ya me olvidé.
Me negué a tirar algunas cosas que en su momento usé mucho, como mi Palm IIIxe y su hermoso teclado plegable, que guardé en una nueva bolsa junto con el cradle de alimentación; y un discman Philips que reproduce MP3 y que aún quiero conservar. Lo que me inquieta es como, con el paso del tiempo, acumulamos más y más objetos en los baúles de la casa. Y eso que ni siquiera empecé con el proceso anual de acomodar y seleccionar el papelerÃo que acumulo en el departamento…