Alguna vez, Walter Ong escribió, en un texto dedicado a analizar la relación entre oralidad y escritura, que el papel más relevante de la segunda fue concentrar la memoria y las cosas a recordar en soportes independientes de nuestros recuerdos. En las sociedades sin escritura, para recordar, habÃa que fijar el conocimiento en frases y refranes; con la aparición de lo escrito, aquello ya no fue necesario. Ese pasaje, que se fue dando durante cientos de años, permitió concebir al conocimiento de otra forma, y apuntar a una manera “acumulativa” a la hora de crearlo; ya no dependÃamos sólo de nuestra memoria personal o colectiva, esta podÃa ser conservada mediante otros soportes.
Sin embargo, buena parte de la conservación de la memoria en otros soportes no era infalible; las formas de almacenamiento, ya sea en papel o cualquier otro soporte, no soporta demasiado bien el paso del tiempo. Pero la aparición de sistemas de búsqueda en Internet, y la facilidad de reproducción de la información, nos están llevando a otro nivel en el proceso de conservación de la memoria. Si alguna vez podÃamos confiar que cualquier cosa publicada podrÃa una vez desaparecer, hoy ese tema no parece tan sencillo. En un tiempo donde todo se busca en Google, buena parte de la memoria colectiva se está depositando en la Red, con la asunción de que cualquier cosa puede buscarse y encontrarse. Desde ya que este sistema no es infalible -los sitios también pueden desaparecer- pero también es cierto que lo publicado puede estar guardado en los cachés de los buscadores, copiado en algún sistema de social bookmarking o vaya a saber donde. La cuestión, entonces, no es saber si alguien ha conservado algo publicado en Internet; simplemente, es saber buscar.
La memoria, entonces, se concibe casi como infinita. Me pregunto como iremos procesando en el futuro esa sobreabundancia de memoria, ese saber que de todo y de todos tendremos una enorme cantidad de datos.
Cualquier decálogo destinado a aconsejar sobre como hacer más popular tu blog tiene un punto dedicado a “escribir entradas polémicas”. O sea, que despierten ganas de discutir y comentar por parte de tus lectores. Y ese tipo de “entradas polémicas” tiene su forma más obvia de manifestación en los textos que atacan a algún producto o persona, y que pueden resumirse en la fórmula “X es una mierda”. No quedan dudas sobre las razones de porqué textos que sólo marquen lo malo de ciertos productos o personas atraen muchos comentarios; suelen ser tan parciales, dejar flancos tan obviamente atacables, que mueven casi automáticamente a escribir a muchos lectores. Al menos en el mundo de los blogs, cuando nos tomamos el tiempo para escribir textos elaborados, que analicen un tema desde varios ángulos, podremos tener muchas lecturas, pero cosecharemos un número bastante limitado de comentarios -aunque es cierto que eso se relaciona mucho con la cantidad de lectores que tenga nuestro blog. A mayor elaboración de las ideas, menor participación; suena casi automático, pero por lo general es lo que pasa.
Ahora, cuando encuentren esas entradas del tipo “X es una mierda”, no asuman inmediatamente que se trata de una postura poco elaborada por parte del autor. Puede serlo, pero también puede darse otro punto: que se trate de una estrategia deliberada destinada a lograr comentarios y enlaces. Crear polémica siempre es bueno, y al fin y al cabo se puede reconocer “algún error” en los comentarios. Es posible, claro, que se trate de la sincera opinión del responsable del blog; pero no es algo que siempre deba darse por sentado. En todo caso, se puede evaluar las posturas anteriores, en el mismo blog, sobre el mismo tema o situaciones similares.
Aparte: desde hace años la Red está redefiniendo los lÃmites entre lo público y lo privado. Las expresiones del tipo “X es una mierda” antes pertenecÃan a charlas entre amigos, a circunstancias precisas de interacción y a contextos en donde muchas cosas se daban por sentado. En el mundo de los blogs, el traslado de ese tipo de expresiones de lo privado a lo público implica someter este tipo de ideas a una mayor variedad de lecturas posibles. Frente a ello, la persistencia de este tipo de análisis simplista puede no obedecer a formas de pensar que compartimos con nuestros amigos o incluso a una capacidad de análisis limitada. Más bien, es una buena estrategia de promoción del blog, que a la larga lo ayudará a situarse en mejor posición en los buscadores y, desde ya, a darle más sentido al hecho de hacer una apuesta comercial alrededor de él. Asà que si se encuentran por ahà ese tipo de textos, no se sientan interpelados de manera directa a responder; a la larga, las estrategias de marketing y posicionamiento pueden perder buena parte de su efectividad cuando nos acostumbramos a ellas.
Hay que reconocer que Google tiene buen ojo y análisis de lo que compra. Hay algo muy interesante en la compra de Feedburner, el sistema de gestión y estadÃsticas de feeds: que no se superpone con prácticamente nada que hoy tenga Google. Es más, es bastante evidente que podrá sumar cosas a sus propiedades ya existentes. Por un lado, agregar el tema de las estadÃsticas de los feeds a Analytics, que en las últimas semanas tuvo un rediseño bastante profundo. Ese agregado le puede dar a ese sistema una diferencia relevancia con los muchos competidores que tiene en la Red. Por otro, porque ahora si podrán hacer pie con Adsense en los formatos de sindicación. Si bien por ahora nadie parece haber sacado mucha plata con la explotación de publicidad en los feeds, seguramente en el futuro ganarán en importancia estos sistemas. También es cierto que la gestión de podcasts que ofrece Feedburner puede ser un comienzo interesante para agregar publicidad a los archivos de audio, pero esto por ahora parece bastante verde -y ya hace tiempo que se viene anunciando un potencial “Adsense Audio” pero por ahora no pasa nada.
Pero el tema de fondo es si, finalmente, los feeds dejarán de ser una herramienta que es usada por una minorÃa de los usuarios de la Red, a pesar de que un navegador como Microsoft Explorer 7 ya incluye funcionalidades para usarlos. ¿Cuando llegará realmente la explosión en el crecimiento de las suscripciones vÃa los estándares de sindicación? De eso depende si Google termina haciendo rentable esta compra.
Hace 5 años, un 7 de mayo de 2002, publicaba la primera entrada en Vida VacÃa. Pasaron unas cuantas cosas desde entonces: este blog estuvo abandonado varios meses, pasó de Blogspot a su propio dominio en WordPress, y sus temas se hicieron más variados. Pero no dejó de ser un blog personal enfocado en pocos temas: tecnologÃa, Internet, música, medios, periodismo. Ni siquiera recuerdo por qué le puse este nombre. Estaba escribiendo una nota bastante mala sobre blogs, que se publicó en el portal Tectimes, que ya no existe. supongo que habré visto las dos palabras en algún lado. No significa mucho para mÃ; es mi versión de “Kodak” o “Xerox”.
Y supongo que seguirá en la misma lÃnea: entradas espaciadas, saltos temáticos no planificados, cierta obsesión temporal con ciertos temas. Que siga la dispersión.
Cada vez me cuesta más prestar atención a la música. Alguna vez escribà en este mismo blog, en Sobre la gula musical, una hipótesis que durante largo tiempo habÃa estado dando vueltas en mi cerebro: cómo la abundancia de canciones en esta era del P2P estaba separando la música de nuestras vidas. Buena parte de la importancia de las canciones no residÃa tanto en su belleza formal; también estaba asociada al grado de relación con nuestras propias vidas, con hacernos recordar algunos momentos, con traer de nuevo muchas otras cosas, como libros, pelÃculas, lugares donde Ãbamos. Pero buena parte de ello depende de una especie de dieta bastante estricta en lo musical. Cuando nuestra capacidad de conseguir nuevos discos estaba limitada a un muy limitado presupuesto, lo que comprábamos sonaba una y otra vez en nuestros equipos de música. Los discos clásicos son aquellos que escuchamos decenas de veces.
Pero el problema no es ya el no escuchar los discos enteros. A veces incluso me cuesta llegar al final de las canciones sin tener ganas de hacer skip y pasar a la próxima. Y no es que la música no me gusta; en realidad, esas canciones me caen muy bien. Pero la actitud de estar más pendiente de lo próximo es independiente de lo que esté escuchando. Hay una cierta sensación que escuchar algo ya no es tanto disfrutarla; más bien, es perderse otra cosa. Tal vez por ello, hace un par de semanas opté por no escuchar nada nuevo, y volver sobre los básicos. Hay ciertos discos que son inseparables, al menos para mÃ, de ciertas formas de escucha. Y entonces regresar a Joy Division, Nick Cave and The Bad Seeds, Cocteau Twins, es también retornar a una forma particular de disfrutar la música: calma, sin saltos, en un orden definido por el artista, y de ser posible, varias veces sin que eso me preocupe.
No sé si con eso lograré transmitir esa paciencia a la música nueva que de vez en cuando escucho. Pero al menos puedo volver a disfrutar ciertos clásicos
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Por cierto, buena parte de la música que escucho en la PC queda registrada en mi cuenta en Last.FM, por si quieren consultar.
Hace unos meses, se anunció que en el subte de Buenos Aires habrÃa disponible, de manera gratuita, conexión a Internet vÃa WiFi. Más allá de que el servicio no tiene tanta utilidad, por razones de tiempo de viaje y seguridad, lo cierto es que funciona realmente mal. Yo suelo conectarme con una handheld que tiene conexión WiFi, y al menos la mitad de las veces la red es detectada, pero no funciona ni carga ninguna página. Probablemente la mayor parte de la gente ni note esto, y está más bien ocupada en el hecho de cada vez se viaja peor en el subte de Buenos Aires.