Sobre la gula musical

Mar 02 2006

Durante 40 años, la industria musical hizo todo lo posible para que nuestra vida tuviera una banda musical permanente. Para que los sucesos más importantes de nuestra existencia fueran asociados a una canción, una melodía, un ritmo. Cuando lo lograron, la música se tornó un bien muy valioso, que no sólo era una mercancía más. En realidad, sus compases decían algo sobre nuestras vidas, y eso justificaba gastar una buena suma de dinero por mes para comprar discos. Y atesorábamos esos álbumes y los escuchábamos mil veces. Los discos clásicos nacieron, entonces, de esa escasez. Al ser nuestra cantidad de dinero bastante limitada, la elección de los discos a comprar era objeto de una cuidadosa selección. Y una vez en nuestra habitación, sonaban una y otra vez.

Pero todo eso ha cambiado. Vivimos hoy una era de la hiperabundancia musical, donde podemos bajar miles de MP3 todos los meses. Y a pesar de eso, seguimos tratando a la música como un objeto valioso, especial. Justamente porque lo creemos valioso es que acumulamos enormes cantidades de música. Todo merece ser escuchado, dice nuestro viejo sentido de que “la música dice algo sobre nuestras vidas”, como si viviéramos en la época que dependíamos de las disquerías. Pero esa forma de proceder cada vez tiene menos sentido. Cargamos nuestros reproductores con gigas de música, para descubrir, apenas salimos a la calle, que no queremos escuchar ninguno de esos discos. Que a pesar de que el playlist sea virtualmente inacabable, no encontramos nada allí que diga algo importante sobre nuestras vidas, que se conecte con nuestro estado de ánimo, que nos traiga un recuerdo.

¿Será que estamos comenzando a transitar la era en que la música se terminará de desconectar de nuestra existencia? La hiperabundancia de música abre una nueva etapa, en la que la música, necesariamente, perderá mucho de su valor. Esto no es necesariamente malo; la industria musical desde hace décadas abusa de ese “valor” para cobrar carísimos los discos. Pero nadie paga por lo que abunda, y las canciones están por todos lados, y son cada vez más fáciles de conseguir. Mientras los discos clásicos están en vías de extinguirse -¿habrá sido OK Computer de Radiohead el último disco clásico de la historia del rock?-, el formato álbum pierde sentido y las canciones y nuestras experiencias personales parecen comenzar a tomar otros caminos.

One response so far

  1. No se me hubiera ocurrido pensar que el fin del álbum no sea necesariamente por el asunto económico, sino por desasociar a la música de nuestros recuerdos. Interesante post.

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