Música e Internet: algunos apuntes para el estudio de una relación conflictiva

Aug 04 2004

En la primera etapa de este blog, en Blogger y hacia octubre de 2002, el objetivo de Vida Vacía era hablar de las relaciones entre música e Internet. Básicamente, me interesaba pensar en como los sonidos, que quienes veníamos de la década de los ’80, veíamos tan claramente asociados a soportes físicos como el vinilo y el cassette, ahora se desmaterializaban, se convertían en un servicio, en una monstruosa acumulación de ceros y unos en enormes compilaciones de MP3. Adiós al arte de tapa, hola impresoras y conversión a audio CD vía Nero. Adiós a Musimundo, hola Soulseek. Adiós a la escasez y los discos importados, hola abundancia. Esta entrada busca recuperar algunas de aquellas reflexiones tempranas.

En esos momentos, empecé a pensar varias cosas. La primera cuestión tenía que ver con los métodos de clasificación. Hacia mediados de 2002, todavía estaba AudioGalaxy y sus listas de los más populares: las canciones más famosas siempre aparecían primeras en las listas. En cierta medida, las listas de popularidad de AudioGalaxy eran un faro -perfectible, pero iluminador al fin- para guiar a sus usuarios en lo inconmensurable del P2P. Pero AudioGalaxy fue cerrado, y ningún programa propuso ese tipo de listados, a excepción del excelente Soulseek. Ahora. ¿dónde buscan los usuarios? No podría hablar por los demás, pero en mi caso leo sitios y revistas de rock para saber que bajarme. ¿El resto hace lo mismo? Que diferente que es esta intención con respecto a nuestras lecturas ochentosas…

En segundo lugar, estaba el tema del adiós a los clásicos. ¿Cómo podría surgir un nuevo clásico si apenas teníamos tiempo para escuchar los discos que bajábamos? La clasificación que hablaba de los “clásicos” se me antojaba pasada de moda; pero a la vez necesaria de ser repensada. ¿O es que vamos a seguir con la misma short list de siempre?

En tercer lugar, estaba el tema de las prácticas. ¿Como afectaría la masiva introducción de redes P2P la forma de escuchar música? Dos años después, hemos visto mucho ruido y pocos resultados. La “ofensiva” de las discográficas -discos compactos protegidos, juicios a los usuarios por bajar música, cierre de programas P2P- no ha tenido mayores resultados. La gente se sigue bajando de todo, y Soulseek y eMule funcionan a todo trapo. Los usuarios de la Red se han acostumbrado muy rápidamente al nuevo orden de cosas. Para ellos, los discos son exageradamente caros, no hay mayor diferencia entre las ediciones importadas y nacionales, y los discos no son asociados a ningún arte de tapa. A tal punto que hemos descubierto que nos sorprende encontrarnos en la casa de algún amigo con una edición original…

La desmaterialización de la música va mucho más allá de la destrucción de un soporte; funda nuevas prácticas, flamantes modos de acercamiento con los productos artísticos, destruye completamente -ahora sí- la diferencia entre el original y la copia. Hasta las discográficas están viendo que ahora, en la época de Internet, el valor se crea de otra manera. Nadie paga por lo que es sobreabundante, y hoy la música en Internet es demasiado fácil de encontrar. Por ello, tal vez, los discos nos parecen siempre muy caros. Tal vez los servicios de downloads legales como iTunes sean parte de la respuesta; pero seguramente falta mucho para saber cuál será el papel de las discográficas en el nuevo panorama del mundo de la música.

2 responses so far

  1. En el blog Vida Vacia sacan otra vez a flote el necesario debate entre música e internet… una relación de amor-odio en la que los melómanos hemos salido ganando, si, aunque el precio haya sido olvidarnos de “cover design”, soportes, etc, y también de “escuchar

  2. Coincido contigo: los discos son exageradamente caros. Sin embargo, aún experimento un gran placer en comprar CDs con un elaborado diseño en sus portadas, fotos o empaque. Por ejemplo, Cafe Tacuba siempre se esmera en esto último. Sin duda, todavía falta ver hacia donde se orientará masivamente el gusto del consumidor y cómo habrán de adaptarse los artistas y compañías disqueras.

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