Siempre pensé que Spin era una revista de rock bastante mediocre, que llegaba un año después que las mejores revistas a cualquier cosa interesante del mundo de la música, pero seis meses antes que el público masivo. Estuve chequeando su lista de los mejores 40 discos de este año -se puede ver en http://ilx.wh3rd.net/thread.php?msgid=4065684- y no se me ocurrió mejor idea que escuchar algunos que no conocÃÂa.
Y aún no puedo entender como eligen entre los mejores diez del año el disco de Thursday War All The Time. ¿Qué tiene de bueno? No es más que un Limp Bizkit recalentado, algo más pop pero sin ninguna idea -bueno, a la banda de Fred Durst tampoco se le cae ninguna últimamente. Ahora entiendo porqué les está yendo bien a The Darkness… Al menos los Funeral For a Friend, con su “Casually Dressed & Deep in Conversation”, me cayeron simpáticos con su mezcla de punk pop a la Blink 182 con gritos y guitarras que bordean el grindcore. Igual, no son más que una banda mediocre.
En el rincón más arty, el disco nuevo de Mogwai, Happy Songs For Happy People, retoma ideas de las placas anteriores y nos vuelve a entregar lo mejor de su formato menos canción. No los va a sorprender, pero difÃÂcilmente no les guste, si es que ya conocÃÂan a Mogwai.
Aún me quedan varios discos para escuchar, entre ellos The Distillers y Hidden Cameras. Veremos que tal son.
PD: después de haberlos escuchado, les recomiendo que vuelvan a sus bateas a buscar A Perfect Circle u otra banda decente.
Publiqué este texto hace bastante más de un año en la versión de Vida VacÃÂa que todavÃÂa se encuentra alojada en Blogger . Me sigue llamando la atenció® ±ue doce meses después de este posteo siga conservando tanta vigencia. Con las discográficas empeñadas en conservar su modelo de negocio pase lo que pase, y los usuarios poblando las redes de intercambio de archivos, el problema está lejos de resolverse.
“Nadie paga por lo que es sobreabundante. Nadie paga por lo que puede conseguirse gratis sin mucho esfuerzo. Ahora bien: ¿porqué pagar 22 dólares por un disco si podemos obtenerlo por mucho menos en la Red? Internet ha desequilibrado la forma en la cuá las discográficas creaban valor. En el tiempo de la copia, es difÃÂcil hacerle notar al consumidor cual es el verdadero diferencial de poseer un original. Para una enorme cantidad de personas, la copia es suficiente: los originales son demasiado caros. En el corto plazo, esto está provocando un verdadero cambio en la percepción del mercado: los discos originales no pueden valer lo que valen. DeberÃÂan bajar de precio. De más está decir que las discográficas se resisten a ello. No tienen ningunas ganas de que la Red les canibalice el valor de sus productos”. (Publicado originalmente en Vida VacÃÂa el 27 de mayo de 2002).
¿Se sienten hoy en esos dÃÂas en los que todo sale mal, en el que una mano invisible te oprime el pecho, en el que todo es una constante remisión a la tristeza? Entonces no se acerquen a Waiting for the moon, el último y bellÃÂsimo disco de Tindersticks. Alguna vez comparados con Nick Cave -sobre todo por la época de su primer disco- Tindersticks se ha repuesto de las crÃÂticas de “Can Our Love…”, y han lanzado una obra preciosa. A màde a ratos me hacen acordar al mejor Spain, aunque ampulosos.
Hay que reconocerlo: en este sexto disco, Tindersticks ha llegado a alumbrar un disco precioso, apto para dÃÂas un poquito melancólicos y solitarios, pero nunca tristes y desesperanzados.
Releyendo lo que escribi, me doy cuenta de que no hablo muy bien del disco anterior de Tindersticks, y si del nuevo. ¡Igual que hacen los crÃÂticos de rock del establishment! Cada vez que Rolling Stones saca un disco mediocre -como hacen desde 1973 para acá, por lo menos- siempre dicen “los stones vuelven al verdadero rock, después del bajón del disco anterior”. Obviamente, del disco anterior, también habÃÂan dicho lo mismo: que era el regreso de sus majestades jubiladas al “verdadero rock”.
Pero no: Waiting for the moon es un hermoso disco, que está en la lista de lo mejor del año para mi gusto, junto a los discos de 2003 de The Rapture, A Perfect Circle, Jane’s Addiction y alguno más que en este momento me olvido.
Hace algunos años tuve la oportunidad de leer Rastros de CarmÃÂn, del crÃÂtico de rock Greil Marcus. El objetivo del texto era trazar las lÃÂneas “invisibles” que unÃÂan a los movimientos vanguardistas como el dadaÃÂsmo con el situacionismo y el punk. De hecho, su subtÃÂtulo en español era “una historia secreta del siglo XX” o algo asÃÂ.
Obviamente, Marcus fracasa, ya que no logra armar un marco del todo convincente para cruzar estos tres fenómenos históricos. Pero eso no quita que Rastros de CarmÃÂn -Lipstrick Traces, en inglés- alcance la categorÃÂa de “libro fascinante”. Aún cuando fallido, el texto reconstruye la conmoción que provocaba el punk allá por 1975-76, y el impacto polÃÂtico de un movimiento ruidoso y muy llamativo visualmente, que reivindicaba el anarquismo pero a la vez podÃÂa usar esvásticas. A veces uno se pregunta porque esa historia no se enseña en los colegios; es mucho más apasionante y polÃÂticamente útil que la hagiografÃÂa de unos próceres de cartón.
Rastros de CarmÃÂn es un libro voluminoso, pero apasionante, que parte de una hipótesis afiebrada, y que a pesar de no probarla, se constituye en un muy interesante documento sobre tres épocas claves del siglo XX.
Aquejados de la bulimia a la que nos someten los discos llenos de MP3, hemos despedido de nuestras vidas una categorÃa familiar al rock: los discos clásicos. ¿Qué discos podrÃan alcanzar esa categorÃa si apenas los escuchamos un par de veces?
Los discos clásicos pertenecen a la era de la escasez, cuando comprar un disco requerÃa de enormes esfuerzos. No digo que vuelva esa época. Solo digo que la piraterÃa está cambiando muchas de las categorÃas del mundo de la música.